Le llevará un segundo conocerla
sin hablar.
Lejos de su ciudad natal,
toma rumbo
hacia la nada popular.
Aliento a muerte, el tiempo ya no lo hiere.
Siempre otoño.
Él ya no será uno más.
Curioso y marginal, sus ojos reflejan
la ciudad
Mira las marcas en la piel
de la gente
y no sabe disimular.
Busca un alma caminando entre los cuerpos
y, aunque quiere,
no la puede imaginar.
Mira a la gente y lo único que entiende va
más allá.
¿Por qué le temen a la muerte
si ahora, vivos,
apenas saben caminar?
Las luces empiezan a herirlo.
Pisa el cielo ahí caído.
¿Es que todo es irreal?
Las torres lo acusan de soledad
al pasar.
Los pies lo quieren devorar
y se marea
pero aún la quiere encontrar.
Busca ese alma que lo cuide,
un suspiro que lo acune,
que lo quiera sin hablar.
Entre la jungla de sacos la descubre
sin mirar.
La encuentra abandonada
entre las risas falsas
y sin más me viene a buscar.
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La taza, vacía, con un rastro marrón; el vasito, el plato, también vacíos. Migas sobre la mesa, un sobrecito de azúcar intacto, una cucharita. Un libro abierto, Dashiell Hammett en la colección «Club del misterio», de Bruguera. En el aire, cool jazz. Apenas una conversación inaudible, dos señoras cuatro mesas más allá, y nada más. Estoy solo en este mundo, que puede ser mío, y lo será al menos otra media hora. Es un mundo que desaparecerá cuando me vaya, es un mundo destinado a morir. Pero es mi mundo, y una parte de mí desaparecerá con él.
—Me voy de la banda —dijiste. Y sorprendiste a todos. Hacía bastante ya que se peleaban, los ensayos eran cada vez más difíciles y, entre la falta de compromiso de Gustavo, la apatía de Fioro y las pocas pulgas de Sergio, algo así se veía venir. Estaba a la vuelta de la esquina. Colgaba entre las telarañas del techo. Y, sin embargo, los sorprendiste y te sorprendiste. Escupiste las cinco palabras así, sin más, y enmudecieron. Probablemente haya tenido que ver con el momento. Nunca manejaste bien el tiempo, los tiempos (lo mismo podría decirse de tu desempeño como baterista, pero no lo diré: a mí me gustaba cómo tocabas y verte tocar). Chabón, era el cumpleaños de Sergio. Los chicos estaban ahí con unas cervezas, una Coca, papas fritas y pavadas así. Les gustaba celebrar los cumpleaños así, de ese modo un poco infantil, en la sala. En esas ocasiones se comía, se brindaba, se bromeaba y, luego, se ensayaba y, si había suerte y alguna novia con ganas, aparecía una torta. Soplar ...
Caminaría mejor solo, ¿no lo ves? No, ¡cómo habrías de reparar en eso con "Lightning Strikes the Postman" estupidizándote! Esas guitarras de mierda de los Flaming Lips , pensé antes, cuando estábamos acostados y dos moscas fornicaban sobre tu pie sucio; y lo repito ahora, en el formidable racconto que desarrollo mientras el rocío del pasto nos moja las pantorrillas y vos hablás, hablás estúpida, vana, estéril, inicuamente.
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