Don diabólico
Andaba por la calle con una cancioncita enredada en la cabeza. No era gran cosa, pero la había escuchado unas horas antes y se había quedado conmigo. Caminaba, entonces, oyéndola de memoria y tocando la batería en el aire. Un hombre flaco vestido de gris me detuvo con una mirada extraña. Haciendo la mímica de sacarse unos auriculares, arqueó la boca, como sonriendo, y me preguntó: —¿Qué estás escuchando, que te veo tan copado? —Nada —dije, mostrándole que no tenía en las orejas ningún auricular—. Solo escuché una canción y estoy pensando en cómo sería tocarla. —¿Y cómo la reproducís? —La tengo en la cabeza. —Pero ¿cómo la escuchás? —No la escucho, solo me la acuerdo. Pareció asombrarse. —A ver, ¿podés mostrarme cómo es? —preguntó. —No, pero puedo mostrarte lo que estab...