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En el 5 con Gene Chandler

Anoche tomé el 5 rumbo al centro. Sentado en un asiento individual, iba mirando por la ventanilla la calle oscura mientras escuchaba a Gene Chandler. Cuando empezó «Duke of Earl» viví un momento mágico, una de esas extrañas ocasiones en las que la música que llega a través de los auriculares, muchas veces desde los confines más remotos del tiempo y el espacio, forma un todo con el entorno, con lo que se ve, con lo que se siente, como un soundtrack perfecto. Así, mientras el 5 surcaba la noche de Buenos Aires por la calle Bartolomé Mitre, yo fui el duque de Earl (o Gene Chandler acompañado de los Dukays, que para el caso es lo mismo). Y fue tan lindo que repetí la canción varias veces, siempre con el mismo efecto. (Incluso, a partir de la tercera o cuarta reproducción empecé a cantar por dentro y a mover las cejas, arrugar la frente y gesticular con mucho sentimiento.) Eso sí, llegado un momento tuve que dejar que comenzara la siguiente canción. El duque de Earl se había ido. Dos minu...

Don diabólico

    Andaba por la calle con una cancioncita enredada en la cabeza. No era gran cosa, pero la había escuchado unas horas antes y se había quedado conmigo. Caminaba, entonces, oyéndola de memoria y tocando la batería en el aire.     Un hombre flaco vestido de gris me detuvo con una mirada extraña. Haciendo la mímica de sacarse unos auriculares, arqueó la boca, como sonriendo, y me preguntó:     —¿Qué estás escuchando, que te veo tan copado?     —Nada —dije, mostrándole que no tenía en las orejas ningún auricular—. Solo escuché una canción y estoy pensando en cómo sería tocarla.     —¿Y cómo la reproducís?     —La tengo en la cabeza.     —Pero ¿cómo la escuchás?     —No la escucho, solo me la acuerdo.     Pareció asombrarse.     —A ver, ¿podés mostrarme cómo es? —preguntó.     —No, pero puedo mostrarte lo que estab...

Como quien oye por primera vez

Estoy grabando un disco de canciones. Lenta, tímidamente y con muchas dudas, pero de manera inexorable, casi fatalista: debe ser, y será. También escucho mucha música, y he leído —y leo; ahora mismo, Después del rock: psicodelia, postpunk, electrónica y otras revoluciones inconclusas , del crítico y ensayista inglés Simon Reynolds— mucho sobre músicos, discos, géneros y estilos. Puedo decir que, pese a mi medianía como músico, sé de música. Lo que me pasa ahora es que escucho la guitarra y la voz de referencia que grabamos con José para la canción «Cerca de mí» y automáticamente puedo imaginar el resto de los instrumentos, lo que cada uno hará y su tratamiento de forma más o menos clara. Y no sé si eso es bueno. Primero, lo vi como una virtud. Ahora tengo mis dudas. En un principio, «Cerca...» era una canción midtempo de guitarras dulces y cristalinas y voces susurrantes, a lo Byrds. Nunca la interpreté más que con mi guitarra criolla y mi voz, pero esa idea de cómo sonaría ...