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Abisal

An se fue de viaje y ando solo por la casa, rebotando entre paredes, sin hablar con nadie y evitando mirar por las ventanas. La calle está abajo, pero eso no importa. El sol lastima y la leve corriente de aire no me despeina. Pensaba trabajar mucho, hacer —como otras veces— de esta casa mi gabinete de corrección, mi oficina, mi atestada redacción unipersonal, mi taller de relojería. Pero no. No tengo tanto por hacer, y liquido en 5 minutos cada cosa que me cae. También quería dibujar, cantar, componer, grabar y ver amigos postergados en mi tiempo libre. Y nada. "Quise tantas cosas, quise y no conseguí ninguna, tal vez por quererlas todas o por no intentar con una", como cito más arriba. (El problema es que no me conforma pensar "Por lo menos hice algunos planes". Mis planes nunca llegaron a ser tales.) No estoy mal, para nada, pero me falta fuego interior. Tengo frío en el pecho y los ojos no me sirven. Ando como un pez abisal, arrastrando mi barriga contra la aren...

Todos fuimos pop

Estuve escuchando a los Perdedores Pop. Me dejaron escamado, escarchado; tengo púas y ansiedad; quiero cosas que no quiero y que, por si fuera poco, ni siquiera sé cuáles son. Tengo nostalgia de los '90, extraño mis 18 años, mis talentos, mis proyectos, los amigos que andaban por ahí (gente especial y creativa, gente común, gente tonta y brillante, gente como yo), las chicas lindas que me confiaban sus adolescencias y sus hebillitas en el pelo y dejaban que las cuidase cualquier noche (siempre fui el mejor amigo de todas), borrachas y con sueño, a la salida de cualquier lugar, a la vuelta de cualquier otro, mientras yo esperaba que se hicieran las 5 y volviese a haber trenes para emprender el largo regreso a Ituzaingó y dormir. Extraño a mi banda pop (porque todos fuimos pop), mis remeras a rayas y todas esas músicas nuevas, tanto britpop y Ruth Infarinato pasando videos de Blur a las 3 de la mañana y yo escuchando así "Charmless Man" por primera vez, en la pantalla en bl...

Por favor, perdónenme

La redacción, la redacción, la redacción me mueve a la redacción, la redacción, la redacción; yo-ho-ho y una botella de ron , como me enseñó Stevenson. No engañaré a nadie si confieso que esto iba a ser otra cosa (al margen: 9 de cada 10 frases mías empiezan así –o con fórmulas parecidas– actualmente), pero el no tener plan de escritura ni páginas que corregir me fuerza a hacer estas pavadas, a abrir el bloc de notas y corretear por ahí como un cachorro salvaje. Como en El llamado de la selva , para no dejar de citar a mi amigo Jack, Jack London (intertextualidad con Virus: "Yo soy Jack, soy Jack London / vengo del planeta Mongo), que se pone celoso de Stevenson, allá solo, en el primer párrafo (¿a eso llamás párrafo? Me Río de Janeiro, pibe). Quise escribir algo con contenido, desarrollar una idea en un texto, movilizar a alguien con algo, pero no pude hacer nada de eso. Soy el fracaso de mi generación, un modelo 1980 con fecha de caducidad incierta pero, no por eso, menos inexor...