Entradas

Mostrando las entradas con la etiqueta Boris Vian

Hermosas cuencas vacías

Con un cuidadoso movimiento, Adela se despegó la nariz y la apoyó sobre uno de los estantes de la cómoda. Muy contenta, tarareando "Chloé" en la versión de Duke Ellington, hizo girar con los dedos su ojo izquierdo hasta desenroscarlo; repitió la operación con el derecho mientras se sentaba en el tocador y, tanteando, los dejó en su estuche, en el cajón chiquito. "Hermosas cuencas vacías debo tener", pensó, a la vez que se desencastraba la boca. Aunque no pudo verlo, dejó un reguero de saliva sobre el espejo: tenía que parar de cantar al sacarse la boca. Las orejas salieron con el pelo, en un único movimiento, para ir a posarse sobre la cabeza de telgopor que, bajo el espejo, dominaba la habitación. Así, desrasgada, Adela se fue a dormir. Esa fue la noche en que el ratón gris se comió todo.

Boris es snob

Imagen
Anoche, haciendo tiempo en la redacción, anduve paseando por blogs cercanos. Lo que leí en Espléndido divague me hizo pensar en Boris Vian, y en cuán amigo suyo me siento aún a pesar de su snobismo, del mío, y de que todos odiamos a los snobs. Al respecto, la letra de su inmortal Je suis snob es magnífica. (Y, cómo no, toda una declaración de principios.) Les dejaré la adaptación al castellano de Alberto Favero, la que cantaba nada menos que... Nacha Guevara. J'espère que vous l'appréciez. Soy snob Soy snob. Soy snob. Es mi defecto mejor Me llevó meses de trabajo lograrlo. Es una vida tan agitada, pero ahora... con el resultado estoy encantada. Soy snob. Terriblemente snob. Todos mis amigos lo son, porque ser snob es un amor. Vestidos de Pucci. Zapatos de cebú. El soutien de Madrid. En el dedo un rubí. En el del pie, ¡eh! las uñas negras para hacer juego con las medias. Voy al cine sólo a ver vistas suecas. Cuando voy al boliche pido whisky a secas... No sufro del hígado, y...