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Pomelo se fue

Pomelo se fue. Finalmente sucedió anoche. Le dimos la inyección, él inmóvil y Juli llorando y después, bajo el ciprés, oficié de enterrador. Fue impresionante, los terrones negros de tierra negra en la noche negra cayendo sobre ese bulto en el fondo del pozo, ese bulto envuelto en una sábana vieja, ese bulto que supo ser mi perro. Se quedó bajo el ciprés y la lluvia de hoy empezará la tarea incesante.

La ventana tapiada

Cuando miró por la ventana, Alfonso recordó que había sido tapiada tres años atrás: los tablones cruzados, desprolijos, se lo hicieron notar. Halló entonces una explicación para la oscuridad permanente de la habitación, oscuridad que él había atribuido a la noche polar. Por supuesto, nadie en todo Buenos Aires se creería cerca de los polos, pero Alfonso no sabía a ciencia cierta hasta dónde se extendía el cielo nocturno de la Antártida, por lo que se permitía creer en esa hipótesis y en cualquier otra que se le ocurriera. Diría que me pasó lo mismo, excepto por que no tengo ninguna hipótesis y todo acaba en la ventana tapiada.

De asistencia obligatoria

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Será este viernes. El Zombienauta, un cantautor con la capacidad del viaje permanente -aún anclado en la canción-, creará canciones en el aire y hará mucho de nada. Rimbaud lo observará desde una nube a su diestra y Donovan estará sentado en su hombro. Como si esto fuera poco, la presencia estelar de los saltimbanquis Carmen promete mucho... mucho más de lo que puede arruinar quien les escribe con sus coros desafinados, la guitarra trasteando, una sufrida armónica y percusiones varias (todas a destiempo). ¡No se lo pierdan!

Cualquier día de estos

No soy mi amigo, aunque igual estoy molesto conmigo. Por ahora elegí ignorar la cuestión, pero cualquier día de estos me mato con la indiferencia. Sería un suicidio bárbaro.

Estos dedos

Mis preocupaciones nunca les importaron, y es natural: estos dedos, por más míos que sean, deben excitarse más por la ausencia del alicate, por el frío del vidrio, por el recuerdo de una piel o por el lavado de platos que por cualquier pavada pretendidamente literaria que pueda ocurrírseme un metro más arriba, en la lejana cabeza. Si entreno a mis dedos lo suficiente, tal vez puedan correr ellos solos sobre el teclado y contar las historias que jamás logré trasladarles.

Mi muerte de hoy

Esto de trabajar en una oficina administrativa es como morir un poco todos los días. Aún así, me siento ante la pantalla y abro esta ventana, dispuesto a robarle algo a esta tarde miserable. Y gris. Los tubos fluorescentes no logran hacer nada -nunca lo logran- y debo apagar mis oídos para sobreponerme a Maná. Suena el teléfono. En horario de almuerzo nunca van a encontrar a nadie. No hay esperanzas. Le digo a mi interlocutor todo eso, aunque con otras palabras, palabras que, de tan usadas, ya no brillan y perdieron, incluso, el sentido. Ajadas, descoloridas, mantienen la sonoridad, pero ya no representan nada. Tras uno o dos minutos de repetir bunga bunga o wala wala , corto. Apuro mi café soluble. Está frío, pero aún sabe a recreo, a libertad. Al beberlo no pienso en nada y me limito a sentirlo, deslizándose por mi inhóspito interior, por zonas olvidadas por el convenio laboral. Mi estómago me pertenece y soy libre de hacer con él lo que se me antoje. Suena el teléfono otra vez. Cuc...

Apollonia cumple, Juan Solo dignifica

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En este día tan especial se cumple algún aniversario (con las damas eso nunca se sabe a ciencia cierta) del nacimiento de Apollonia, mente maestra de Puede fallar e hija dilecta de este Jardín. Todos los que llevamos a cabo este emprendimiento (o sea, yo) le deseamos toda la felicidad que merece. Y que sea con salú.

Final feliz

-¿Te quedás? -Sí.

Mi última visión

Aullo y me enrollo, me enderezo y endurezco, me hundo rígido y emerjo cristalizado, me derrito, me condenso y caigo; ante el golpe me rompo y junto las piezas, las guardo en el bolsillo de la camisa y espero hasta que llegue la mañana; ante las primeras luces las coso, me coso y, con algunas hebras de luz, me hago un bordado dorado que me queda muy mal, lo descoso y me descoso, me pincho con la aguja y exploto, me disuelvo en el aire y, como hace el humo, me desvanezco ante mis propios ojos. Es lo último que veo antes de que se disuelvan también.

Love & Liberté. Capítulo 3

Nota del autor: En ésta, mi hora más oscura y, tal vez, aquella en que se sienta el tronar de los cuernos del apocalipsis en toda la extensión de este humilde Jardín, me permitiré el placer de desentrañar el demorado y olvidado final del pseudofolletín que di en llamar Love & Liberté ¡A vuestra salud, Romau! (Viene del capítulo anterior) Nicolás Reyes se había atragantado con una aceituna. Nunca se supo qué era lo que quería comunicarle a los demás, pero la gracia de todo está en que se trata de los Gipsy Kings, que Love & Liberté es el título de un disco del grupo flamenco, que Nonesuch Records es la compañía que los edita y que, efectivamente, tienen sus "headquarters" en una villa de piedra, cerca del pequeño pueblo de St-Andre-de-Bueges, al sur de Francia. Va dedicado a todos aquellos que criticaron la primera aparición -azarosa- de estos músicos en el blog. Faltó suspicacia, muchachos, ¿realmente creían que inventaría esos nombres? En fin, eso. Después se fue...

Desesperado, secuencia 1

Tengo que escribir algo. Lo que sea.

El primer mail que leí esta mañana (o Cuán dulce es el mundo del cantautor)

From: pablo zamorano To: juansolo@datafull.com Sent: Thursday, August 10, 2006 4:55 PM Subject: Juan SOlo en la radio hola escribia para comentarte que hoy en FM Cristal 98.7 de Olavarria en el programa Mar de GEnte que va de dos a seis de la tarde , difundimos tu EP otras tres maneras de decirte lo mismo , en una seccion semanal de difusion de musica de descarga gratuita en la web, pasando el dato de cómo descargar los temas. cualquier repercusion serás notificado. Muy Bueno, y gracias por la actitud de hacer y distribuir . Pablo Zamorano

Viajando con Satán

"Este no es" dijo la señora, dejando caer el boleto de tren que acababa de levantar del suelo; "yo saqué boleto, Satanás, devolvemelo", suplicó. La súplica se volvió luego grito, orden, amenaza; la vieja vociferó mientras caminaba hacia el fondo del vagón, siempre repitiendo la misma cantilena: "Satanás, devolvemelo". No quiero imaginarme los problemas que habrá tenido con el guarda. No debe ser fácil viajar con Satán. Menos en el Sarmiento.

Cosas que pasan en mi barrio

Los supermercados son lugares insólitos. Su vulgaridad colorida, grandilocuente y gritona suele ponerme nervioso, pero reconozco que cualquier cosa puede suceder en esos recintos pop. Anoche, sin ir más lejos, viví la siguiente escena en el Plaza Vea en que me perdí buscando un destapacañerías: un nene y una nena, con aspecto de hermanos, destapaban y olían los desodorantes. -¡Qué rico este! -dijo la nena acercando un envase a la nariz de su hermano. -Es cualquiera -afirmó él-, el que tenemos que comprar tiene olor a papas fritas. Sonreí. Cada vez me gusta más mi barrio nuevo. Si llega a existir ahí el desodorante de papas fritas, no me mudo más.

Las visitas

Cuando pasé por acá y noté que no faltaba demasiado para llegar a las 2.000 visitas me invadió la vergüenza. Toda esa gente que se aventuró por este Jardín esperaba algo de mí mientras yo, indolente, me pintaba las uñas de los pies y masticaba vulgarmente un chicle. (Eso no es cierto, pero la imagen es por demás gráfica.) No puedo evitar la decepción de algunos (como quienes cayeron acá buscando en el Google "carbotype papel carbonico", "cantata de puentes amarillos comentario", "education pietro parla tedesco" o "samsung sq-3000", entre las cosas que me buchonea Statcounter), pero quiero creer que otros se habrán ido satisfechos tras leer alguna de mis porquerías. No me engaño, la mayoría de las visitas duró menos de 5 segundos, pero esa persona que se quedó entre 20 minutos y una hora me alcanza, y mi felicidad es -casi- completa con las ocho que anduvieron por acá más de una hora. ¡Y ni hablar de los países! ¿Cómo explicar las visitas de Estad...

Love & Liberté. Capítulo 2

Impertérrito, Nicolás Reyes recibió a los hermanos Diego, Paco y Tonino. Los Baliardo cayeron con unas pizzas, en un noble gesto que los enalteció ante los ojos de los Reyes (con la excepción hecha por Patchai, quien se quejó del olvido -"imperdonable", agregó- de algunas porciones de fainá). Tras cortar el itálico alimento en trozos de no más de 3 centímetros cuadrados y sumergirlo, de acuerdo al uso local, en un gigantesco bol de cous-cous, los siete hombres se aprestaron a disfrutar del refrigerio usando palitos chinos, como auténticos ciudadanos del mundo. -Solicito vuestra atención, amigos -empezó Nicolás Reyes y su voz hizo tronar el recinto-, ya que es necesario abocarnos a la resolución de un grave problema que se cierne sobre el mundo. -¿Ahora mismo se cierne o puedo tomarme un Uvasal? -preguntó Tonino Baliardo mientras se desabrochaba, con vano disimulo, el primer botón del pantalón. -Es ahora mismo, hombre, deja esas manos quietas y escucha -lo amonestó el mayor de...

Adiós, amigos

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Es difícil escribir algo respecto a esto o, aún, escribir algo. Tampoco puedo omitirlo, aunque por suerte descarté la ocurrencia original de incluirlos en un nuevo capítulo de Love & Liberté. No sé cómo lidiar con estos reveses de la realidad, si la idea de este blog fue evitarla siempre que se pudiera. Lo cierto es que Moro no está más, que Syd se fue y que mi Gato y Floyd favoritos de todos los tiempos están muertos. Nada puedo decir al respecto. Vaya mi humildísimo homenaje a ambos con sus queridas presencias en este Jardín. (Las imágenes fueron tomadas de los flogs de Los Grillos y los Zorros Petardos Salvajes ).

Love & Liberté. Capítulo 1

Con el destino del mundo en sus manos una vez más y sin el menor atisbo de duda, Nicolás Reyes pulsó el intercomunicador. Canut, Pablo y Patchai acudieron presurosos al llamado de su hermano. Un mensaje, llegado intempestivamente desde las oficinas de Nonesuch Records, sacudía la calma del secreto cuartel general e imponía una acción inmediata. Sin titubear, Nicolás se comunicó con la otra mitad del grupo, los hermanos Diego, Paco y Tonino Baliardo, quienes volaron urgentemente rumbo a la base de operaciones en la villa de piedra perdida, cerca del pequeño pueblo de St-Andre-de-Bueges, al sur de Francia. Los Baliardo, siguiendo una tradición histórica, cantaban "Volare" en el aire. (Continuará)

Diecisiete horas

"El regreso de la aurora es un hecho", piensa Jaime al mirar el cielo rosado de Madrid. Tras una larga noche con ínfulas de eternidad, este sencillo instante brilla de otra manera y él se pierde en tribulaciones improductivas, con la seguridad de quien conoce al sol que habrá de salir en unos minutos. Le ha visto la cara y sabe que sonríe. Entretanto, la madrugada le da un último beso y se despide, con las mejillas frías de tanto esperar. Dentro de algunas horas, apenas diecisiete, la vigilia habrá terminado y ya no tendrá en el bolsillo del gabán el ticket que ahora acaricia nerviosamente. Dentro de diecisiete horas estará en el concierto de los Gipsy Kings.

Sobre las caídas

Los pocos que quedamos sabemos de nuestra fragilidad, del carácter inestable de nuestras extremidades, sean éstas ocho patas de araña o cinco de gato. Siempre caemos. El más mínimo desnivel, cualquier baldosa levantada en la vereda, alcanzan para hacernos tropezar y caer sonoramente de culo o, en el mejor de los casos, trastabillar unos metros para, finalmente, recuperar el equilibrio como un triunfo y seguir caminando.