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Los dos cielos

Al mirar por la ventana notó el cielo rojo. El cielo roto, también. Las dos bóvedas ahí, suspendidas, como atadas con invisible tanza, como cualquier verano. Se preguntó entonces (lo hacía cada tarde) cuál sería el significado de esos dos cielos superpuestos, malamente encimados, tan parecidos y a la vez tan distintos de los que recordaba. O de los que creía recordar, porque había pasado ya tanto tiempo desde el derrumbe que le costaba estar seguro. Y sin embargo, indiferentes a todo, ahí estaban los dos cielos. Estiró la mano y tocó el más cercano. Tomó conciencia de lo que acababa de hacer y se rió de aquella vieja expresión, "como tocar el cielo con las manos". Ya no representaba nada, era apenas una fórmula vacía. Apurando los sorbos de té, ya frío, se distrajo mirando el reflejo de los dos cielos. Impertérritos, seguían ahí. Hasta que se los tomó.

El desafío

Tenía frente a mí el desafío de no repetirme, de no volver a caminar los mismos caminos, de saltar a un costado y, si me interesaba, seguir por la banquina. Y lo tomé. El desafío es estar vivo , cantaba el Zombienauta .

Los suicidios de Borges

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BORGES: Recuerdo el caso del escritor japonés que se hizo el harakiri delante de todo el mundo. Me pareció bien. Fue capaz de morir como el último Samurai. SABATO: Me parece demasiado espectacular para ser elogiable. Y también un acto de arrogancia. Le advierto, Borges, que no hablo por creerme mejor. Por el contrario, pensé en el suicidio muchas veces en mi vida. BORGES: Yo también. Hace setenta y cinco años que vengo suicidándome. Tengo más experiencia que usted, Sabato. SABATO: (Sonriendo.) Con muy poca eficacia, por lo que se ve. BORGES: Sí, pero con mucha vocación, realmente. Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, Diálogos , Emecé Editores, Buenos Aires, 1976

¿Qué onda?

Me crucé con ambas esta tarde, en la calle Solís. La remera de la hija preadolescente rezaba "Chica buena con malas intenciones". La de la madre, curtida en mil batallas, dejaba menos lugar para la imaginación: "I want to have sex with you". Así, a los bifes. Ahora estoy tentado de usar una remera que diga "Pegame y decime Shirley".

Mis ojos duelen

Mis ojos duelen. Enfrentarse con la realidad no fue bueno, ni malo, a duras penas fue, y recién ahora estoy haciéndome a la idea. Asumiendo. Acariciando. Perdiendo. Lo demás quedará, todo quedará acá, en mi bolsillo izquierdo, el de la tristeza atrapada, un carilina y algunas monedas, hasta que decida lo contrario. Hasta que yo decida. Con lo difícil que está últimamente. Y no es que me importe, pero hay ciertas cosas que son, sencillamente, inevitables. Como ésta. Mis ojos duelen. Y no por llorar.

Que se me ensucie la prosa

Nunca pensé que viviría esto. Apollonia lo escribió por ahí, y fue terminante: "No. Yo no soy ni quiero ser periodista". De manera similar respondí yo a quienes me sugerían que buscara un camino en el periodismo, insinuando que lo mío era la literatura y temiendo que mi prosa pura se manchase con la tinta fresca de un diario. Los temas que me gustan son demasiado incompatibles con la vulgaridad de un choque en la ruta 11 o un asesinato en Ciudad Evita, pensaba. Y, sin embargo, acá estoy. Escribo esto en la redacción de Edición Nacional mientras espero que los diagramadores me pasen las hojas del diario de mañana. Ya he corregido todo lo que salió de la impresora y hago tiempo, sabiendo que el momento inexorable llegará de todos modos, la hora fatal en que haya que cerrar todo y las impresiones mamarracheadas con birome fucsia se acumulen a un costado de mi escritorio, todos mirándome y yo inventando milagros en el QuarkXPress. Por ahora, sólo escribo. Aunque este teclado erg...

Sépanlo

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Voy a estar ahí. La imagen mostrada tiene fines ilustrativos y puede diferir (pero no, es sólo que no tengo escáner). Entrada de The Who (C) 2006 Gerund Enterprises

Cosas que –por suerte– pasan

Algo maravilloso sucedió el otro día: tuve una charla muy extraña que, despojada de algunas precisiones personales y cuestiones coyunturales (yo estaba en el trabajo), compartiré con ustedes. Estimado público, queridos lectores, tías gordas, los invito a espiar el Messenger de Juan Solo: Session Start (espiritu_guia@hotmail.com:[u][c=4]Tu Alma Es La Fuerza - ROCANLOVER-[/c][/u]): Thu Dec 21 10:48:15 2006 [10:48] Juan Solo (http://jardindeinstantes.blogspot.com): perdón por la intromisión, pero me llama la atención verte ahí y por eso quiero preguntarte: ¿nos conocemos? [10:49] [u][c=4]Tu Alma Es La Fuerza - ROCANLOVER-[/c][/u]: no [10:49] [u][c=4]Tu Alma Es La Fuerza - ROCANLOVER-[/c][/u]: lei tu blog y me gusto [10:49] [u][c=4]Tu Alma Es La Fuerza - ROCANLOVER-[/c][/u]: tmb me baje 2 canciones q no se si son tuyas [10:49] Juan Solo (http://jardindeinstantes.blogspot.com): :) [10:49] Juan Solo (http://jardindeinstantes.blogspot.com): ey, ¡qué buena onda! [10:49] [u][c=4]Tu Alma ...

Alguien por ahí

Sólo porque no quiero irme, usé la pluma del gran Isidoro Blaisten para dejar algún trazo por aquí los otros días. Sólo por estar. No quiero abandonar este jardín que, aún cubierto de malezas y con la pintura de la verja descascarada, me pertenece y da cobijo, este terrenito insignificante que me brinda cada tanto el placentero privilegio de ver crecer alguna planta desgarbada en sus pocos metros cuadrados de tierra pedregosa. En este pastito corremos y dormimos, y escribimos, y leemos, y algunos amigos se tienden al lado de desconocidos queridos a descansar bajo un árbol. Y eso está bueno. No voy a prometer, entonces, un regreso (cargo con demasiados sobre mis espaldas), aunque sí un poco más de constancia. Ya actualicé Fotos de Lily y acá estoy, haciendo lo propio en el Jardín. Espero que haya alguien por ahí para leerme.

Marroquíes en la marroquinería

"Nosotros, los chuscos del barrio, los procaces muchachones, solíamos decir tilinguerías, chascarrillos referidos al mundo del cine. Solíamos decir, por ejemplo, 'Macarrone' en lugar de Mickey Rooney, 'Jugo del barril' en lugar de Hugo del Carril, y 'Tirame del pulóver' en lugar de Tyrone Power. Creo que ahí descubrí la literatura, el lenguaje y sus acechanzas, la ambigüedad y coherencia de la lengua. Mi madre, mis cinco hermanas y la tía Fermina se estaban riendo de alguien a quien el saco le había quedado corto como una torera, como una torerita. A Tyrone Power, que lucía la torera, la torerita, había que tirarle del pulóver. "Cincuenta años atrás había descubierto que era mucho más lindo ver marroquíes en la marroquinería que carteras de cocodrilo, era mucho más lindo ver zíngaros en la zinguería que pedazos de hojalata en las vidrieras, y que no importaba el verdadero significado de la palabra torera , el verdadero significado de la verdad, porque ...

Escribir

Escribir. Escribir por algo o para algo. La palabra como medio o fin. En este caso, como ambos. Como medio de hacer tiempo hasta que termine de grabarse el lado A del casete de los Byrds. Como fin, para llenar esta hoja mezquina con algo medianamente vivo. Tal vez más vivo que yo: acá estoy, vestido únicamente con el pantalón de mi pijama, rondando las tres y media de la madrugada de un jueves. Qué absurdo es todo. La inspiración no existe.

Esas guitarras de mierda de los Flaming Lips

Caminaría mejor solo, ¿no lo ves? No, ¡cómo habrías de reparar en eso con "Lightning Strikes the Postman" estupidizándote! Esas guitarras de mierda de los Flaming Lips , pensé antes, cuando estábamos acostados y dos moscas fornicaban sobre tu pie sucio; y lo repito ahora, en el formidable racconto que desarrollo mientras el rocío del pasto nos moja las pantorrillas y vos hablás, hablás estúpida, vana, estéril, inicuamente.

Pomelo se fue

Pomelo se fue. Finalmente sucedió anoche. Le dimos la inyección, él inmóvil y Juli llorando y después, bajo el ciprés, oficié de enterrador. Fue impresionante, los terrones negros de tierra negra en la noche negra cayendo sobre ese bulto en el fondo del pozo, ese bulto envuelto en una sábana vieja, ese bulto que supo ser mi perro. Se quedó bajo el ciprés y la lluvia de hoy empezará la tarea incesante.

La ventana tapiada

Cuando miró por la ventana, Alfonso recordó que había sido tapiada tres años atrás: los tablones cruzados, desprolijos, se lo hicieron notar. Halló entonces una explicación para la oscuridad permanente de la habitación, oscuridad que él había atribuido a la noche polar. Por supuesto, nadie en todo Buenos Aires se creería cerca de los polos, pero Alfonso no sabía a ciencia cierta hasta dónde se extendía el cielo nocturno de la Antártida, por lo que se permitía creer en esa hipótesis y en cualquier otra que se le ocurriera. Diría que me pasó lo mismo, excepto por que no tengo ninguna hipótesis y todo acaba en la ventana tapiada.

De asistencia obligatoria

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Será este viernes. El Zombienauta, un cantautor con la capacidad del viaje permanente -aún anclado en la canción-, creará canciones en el aire y hará mucho de nada. Rimbaud lo observará desde una nube a su diestra y Donovan estará sentado en su hombro. Como si esto fuera poco, la presencia estelar de los saltimbanquis Carmen promete mucho... mucho más de lo que puede arruinar quien les escribe con sus coros desafinados, la guitarra trasteando, una sufrida armónica y percusiones varias (todas a destiempo). ¡No se lo pierdan!

Cualquier día de estos

No soy mi amigo, aunque igual estoy molesto conmigo. Por ahora elegí ignorar la cuestión, pero cualquier día de estos me mato con la indiferencia. Sería un suicidio bárbaro.

Estos dedos

Mis preocupaciones nunca les importaron, y es natural: estos dedos, por más míos que sean, deben excitarse más por la ausencia del alicate, por el frío del vidrio, por el recuerdo de una piel o por el lavado de platos que por cualquier pavada pretendidamente literaria que pueda ocurrírseme un metro más arriba, en la lejana cabeza. Si entreno a mis dedos lo suficiente, tal vez puedan correr ellos solos sobre el teclado y contar las historias que jamás logré trasladarles.

Mi muerte de hoy

Esto de trabajar en una oficina administrativa es como morir un poco todos los días. Aún así, me siento ante la pantalla y abro esta ventana, dispuesto a robarle algo a esta tarde miserable. Y gris. Los tubos fluorescentes no logran hacer nada -nunca lo logran- y debo apagar mis oídos para sobreponerme a Maná. Suena el teléfono. En horario de almuerzo nunca van a encontrar a nadie. No hay esperanzas. Le digo a mi interlocutor todo eso, aunque con otras palabras, palabras que, de tan usadas, ya no brillan y perdieron, incluso, el sentido. Ajadas, descoloridas, mantienen la sonoridad, pero ya no representan nada. Tras uno o dos minutos de repetir bunga bunga o wala wala , corto. Apuro mi café soluble. Está frío, pero aún sabe a recreo, a libertad. Al beberlo no pienso en nada y me limito a sentirlo, deslizándose por mi inhóspito interior, por zonas olvidadas por el convenio laboral. Mi estómago me pertenece y soy libre de hacer con él lo que se me antoje. Suena el teléfono otra vez. Cuc...

Apollonia cumple, Juan Solo dignifica

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En este día tan especial se cumple algún aniversario (con las damas eso nunca se sabe a ciencia cierta) del nacimiento de Apollonia, mente maestra de Puede fallar e hija dilecta de este Jardín. Todos los que llevamos a cabo este emprendimiento (o sea, yo) le deseamos toda la felicidad que merece. Y que sea con salú.

Final feliz

-¿Te quedás? -Sí.